¿Cómo pueden las empresas evitar el maltrato?

Situaciones en las empleados de todo rango que sufren la agresión de sus jefes o, incluso, de sus pares, suceden con más frecuencia de la que cualquiera podría pensar. Foto:revistapropositiva.com Situaciones en las empleados de todo rango que sufren la agresión de sus jefes o, incluso, de sus pares, suceden con más frecuencia de la que cualquiera podría pensar. Foto:revistapropositiva.com

Sucede con más frecuencia de la que cualquiera podría pensar: empleados de todo rango que sufren la agresión de sus jefes o, incluso, de sus pares.

Lo más usual, claro, es el maltrato verbal, pero en este se unen las palabras, los gestos y la actitud corporal.

En muchos casos esta suma de situaciones se transforma en algo habitual, tan habitual que sus protagonistas no suelen reconocer la agresión. Se justifican por el estrés, los nervios o la exigencia que tienen de cumplir con altos objetivos.

En la línea de esta argumentación, el maltrato se transforma en una forma normal de comunicarse, algo que se naturaliza y que solo nota realmente un consultor externo o las nuevas personas que entran a trabajar en la compañía. En estos casos, los nuevos perciben un ambiente tóxico, con malas formas y un permanente lenguaje en tono alto.

Cualquiera puede ser agresor, pero la mayoría de las veces el poder está en los jefes y de allí viene el maltrato.

Otras, cuando las reglas no están claras o se da una competencia muy fuerte por un ascenso en la empresa, se da entre pares.

¿Qué puede hacer el agredido para defenderse?

Lo primero que debe hacer es intentar de todas formas poner un límite. No hay ninguna razón por la que tenga que permitir que lo traten mal, en cualquiera de las circunstancias o formas posibles. Una persona puede cometer un error en su tarea, puede no cumplir con un plazo prometido, puedo incluso olvidarse de una entrega de trabajo. Nada habilita el maltrato.

El límite lo pone explicándole al otro, en ese mismo momento en el que se da la situación, que merece ser tratado con respeto y amabilidad.

La segunda instancia sería pedirle al otro tener una conversación más seria y fuera del contexto del enojo, sobre lo que está pasando; expresarle lo que siente, cuántas veces sucede y que no puede suceder más.

En un tercer momento, es necesario pedir la intervención de un tercero: un gerente de Recursos Humanos o una persona de mayor rango en la empresa.

¿Cómo pueden impedir las empresas este tipo de conductas?

En nuestra experiencia como consultores externos, el maltrato sucede por falta de formación en los mandos medios.

Muchas personas han obtenido un cargo sin la capacitación necesaria para dirigir o liderar un equipo de personas. Lo que sucede es que realizan su función como pueden, "como les sale", y trasladan hábitos de su pensar o interactuar individual al mundo organizacional.

Ahora, tengamos en cuenta que solo sancionar a estas personas no impide que la agresión se genere o continúe.

Por eso, sugerimos a las compañías crear un espacio desde donde cada uno pueda expresarse y ser escuchado; donde pueda hacer su catarsis a través de las palabras y el cuerpo. Decir lo que necesita para seguir adelante con comunicaciones más positivas y relaciones constructivas.

Fuente:Iprofesional

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