¿Puede la depresión afectar tu liderazgo?

El fracaso puede llevar a la depresión si no se aprende a percibir los fallos como temporales, locales y cambiables. Foto:seachangeperu.com El fracaso puede llevar a la depresión si no se aprende a percibir los fallos como temporales, locales y cambiables. Foto:seachangeperu.com

La felicidad corporativa está incluida desde hace 25 años en los índices de algunas consultoras de gestión y decenas de libros de liderazgo que la vinculan con la productividad. El padre de la psicología positiva, Martin Seligman, también cree que los empleados y líderes felices trabajan mejor; sin embargo, igualmente afirma que los líderes depresivos pueden ser perfectamente funcionales.

Seligman, director del Centro de Psicología Positiva en la Universidad de Pensilvania, cita en su libro Flourish los casos de Abraham Lincoln y Winston Churchill, dos líderes políticos que aceptaron su realidad y lidiaron con la melancolía.

En ocasiones la clave está en hallar un balance perfecto entre el optimismo y las emociones negativas para lidiar con los problemas, cuenta Seligman. Incluso —dice—, nunca está de más agregar un pequeño toque de locura.

Hay una idea de que la gente inestable mentalmente es grande como líder, pienso en Mahatma Gandhi y Abraham Lincoln. ¿Hay algo que tengan los líderes inestables que otros no?

Es algo que he pensado mucho, aunque inestable no es la palabra correcta para definir a Lincoln o a Gandhi. Sé mucho más de Lincoln, de quien hablo en mi libro Flourish, era severamente depresivo y melancólico, pero no inestable.

En 1862, su hijo Willy murió de tifoidea en la Casa Blanca. La esposa de Lincoln, Mary, subió las escaleras y nunca más la volvieron a ver, ella sí era inestable, básicamente, se volvió loca. Esa misma noche, Lincoln bajó a seguir liderando la Guerra de Secesión.

En el caso de Lincoln y de Churchill, que eran depresivos, aceptaron su melancolía y lidiaron con ella y con la realidad. La gente inestable no es buen líder, pero la gente a quien podrías llamar ‘enferma mental’, como Lincoln, pueden ser excelentes. Nunca se tomaron un tiempo libre y siguieron liderando guerras en lugar de estar tristes.

Si padeces un desorden mental, ¿debes tomarte un receso en el trabajo para resolverlo o lo enfrentas hasta que desaparezca? ¿Qué se recomienda más, disociarse de la fuente de la depresión o enfrentarla como si fuera miedo?

Abraham Lincoln y Winston Churchill aceptaron su condición y aprendieron a vivir con la melancolía; el padre de la psicología positiva dice cómo ayudar a las personas a ser más felices en la empresa.

Depende del desorden y la intensidad del padecimiento. Abraham Lincoln y Winston Churchill son buenos ejemplos, eran depresivos que funcionaban a la maravilla (...) Pero en el caso de enfermedades mentales, como la esquizofrenia, es necesario apartarse de la empresa y tratar el padecimiento.

¿Qué puede desencadenar depresión, ansiedad y otros desórdenes en un CEO cuando debe lidiar con la carga de manejar una compañía?

Cuando sus metas más altas fallan. Ésta puede ser una percepción errónea.

Frecuentemente, la depresión está sólo en la mente de las personas, en realidad puede que sus metas no hayan fallado, pero cuando perciben lo que les importa como un caso sin esperanza, ahí es cuando llega la depresión.

Si eres depresivo, ¿es recomendable mezclar el trabajo con un tratamiento en lugar de alejarse?

Depende de la severidad. Si una persona padece niveles bajos o moderados de depresión, puede funcionar perfectamente y lidiar con ello. Si su padecimiento es severo, no podrá salir de la cama ni, mucho menos, ir a trabajar.

Considero que la psicología clínica necesita desarrollar estrategias para que los pacientes aprendan a lidiar con sus problemas, sobre todo los laborales.

Los psicólogos debemos decirle a nuestros pacientes que sin importar cuánto éxito tengan en la terapia, habrá días en los que se van a levantar deprimidos y van a pensar que la vida no tiene caso. No se trata sólo de luchar contra las emociones negativas, sino de aprender a vivir con ellas.

El fracaso deprime a las personas, según su teoría de la indefensión aprendida. ¿Qué pasa cuando el líder de una compañía empieza a rendirse tras cometer errores?

Es algo que yo llamo impotencia aprendida, si fracasas una y otra vez, empiezas a creer que siempre será igual, aunque no sea así. La única forma de revertirlo es ser optimista.

Debemos aprender a percibir los fallos como temporales, locales y cambiables. Hay técnicas para lograrlo. Los optimistas actúan y tienen estilos de vida más sanos. Creen que sus acciones importan, mientras que los pesimistas piensan que nada de lo que hagan sirve. Los optimistas intentan hacer cosas, mientras que los pesimistas caen en una impotencia pasiva.

¿Hay alguna circunstancia en la que no se pueda ser demasiado optimista y que lo mejor sea ser pesimista?

Danny Kahneman, un catedrático del Departamento de Psicología en la Universidad de Princeton y ganador del premio Nobel de Economía en 2002, tiene perspectivas encontradas sobre el optimismo. Por una parte, no está en contra de él, lo llama ‘el motor del capitalismo’, pero, por otro lado, lo acusa de generar exceso de confianza en las compañías.

El optimismo excesivo puede traer consigo el autoengaño. Las personas hacen cosas que no deberían por confiar en que siempre tendrán éxito.

Kahneman también habla de la ‘falacia del planeamiento’, que consiste en que los que planean algo subestiman crónicamente los costos y sobreestiman los beneficios porque ignoran las estadísticas básicas de otros proyectos que se parecen a los suyos. Ocurre a menudo en las empresas.

Tal optimismo, dice, puede ser corregido con ejercicios en los que los inversionistas sistemáticamente recuerden y ensayen, de manera realista, qué tan bien les ha ido a propuestas similares de negocios en el pasado. Este ejercicio ayuda a poner las cosas en perspectiva. De esta forma podrán evitar el optimismo desmedido.

El término ‘positivo’ tiene muchas connotaciones, ¿cuáles son las que tiene en el plano corporativo desde su perspectiva?

Ser ‘positivo’ es lo que la gente libre hace cuando no sufre. La psicología casi siempre se centró en las emociones negativas y yo busqué cambiar eso.

Hace 25 años concebí el término PERMA —por sus siglas en inglés—, que resume los cinco elementos de la felicidad. La ‘P’ se refiere a emociones positivas (positive emotions), la ‘E’, al involucramiento (engagement), la ‘R’, a las relaciones (relationships), la ‘M’, a las experiencias significativas (meaning) y la ‘A’, a los logros (accomplishment).

5 acciones para hacer a tus empleados más felices

Emociones positivas (P): Generan un buen clima laboral dentro de la compañía. Es un aspecto clave para captar y retener al mejor talento.
Involucramiento (E): Preocúpate por tus colaboradores. Pregúntales cómo se sienten y hazles saber que te importa su bienestar.
Relaciones (R): Dedica tiempo a nutrir las relaciones con tus colaboradores. Eso fomenta la sensación de apoyo y compañía.
Significado (M): Hazle saber a tu equipo que su trabajo es útil. Fomentarás el sentido de pertenencia y harás que tu equipo se ponga la camiseta.
Logros (A): Celebra los logros de tus colaboradores. No es necesario que los premies con incentivos económicos. A veces, basta con una felicitación.

Fuente:CNNExpansión

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