Ría y su ordenador reirá con usted

La risa segun Danel Goleman | Fuente: Deventpost.com La risa segun Danel Goleman | Fuente: Deventpost.com

La expresión "amigo del usuario" va a tener próximamente un sentido aún más literal: los científicos están desarrollando máquinas que reconocen el estado de ánimo de las personas y responden como un amigo sensible.

Por supuesto, la idea de una máquina que reconozca ese talón de Aquiles de los humanos que es la emoción puede evocar imágenes más siniestras, como la de Hal, el astuto y amenazador ordenador de 2001: una odisea en el espacio cuyo temor a ser desconectado le lleva a matar a todos los tripulantes de una misión especial, excepto a uno de ellos. Sin embargo, en un avance que alegra a unos y preocupa a otros, los científicos ya han creado algunas bases técnicas para este tipo de máquinas.

En la realidad, los informáticos ofrecen una visión benigna de una tecnología más humana, simpáticos primos del hombre de lata de El mago de Oz. Los científicos auguran una época en la que los automóviles incluirán un ordenador que notará cuándo los conductores se están quedando adormilados o muestran una excesiva impaciencia, en cuyo caso les despertarán o bien conectarán una música relajante. Los sistemas informáticos de aprendizaje notarán cuándo sus alumnos se sienten frustrados y reaccionarán ofreciéndoles palabras de ánimo y haciendo más fáciles las lecciones.

Algunas partes de este ciber-futuro emocionalmente sintonizado ya existen. Científicos del Instituto de Tecnología de Georgia en Atlanta han desarrollado un sistema informático que puede reconocer expresiones faciales sencillas, que indican emociones como sorpresa o tristeza. En la Universidad Northwestern de Evanston, en Illinois, y en la Universidad Carnegie-Mellon de Pittsburgh, varios ingenieros han diseñado programas que conversan con las personas y responden de forma apropiada a sus emociones. En el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), en Cambridge, donde se lleva a cabo gran parte del trabajo sobre la llamada "informática afectiva", un ordenador de pulsera realiza un seguimiento de todos los cambios de humor de quien lo lleva.

Nadie pretende que estas máquinas más sensibles vayan a reproducir, ni siquiera de lejos, todas las emociones humanas. Algunos escépticos se preguntan incluso si merece la pena este esfuerzo para reproducir la emoción en máquinas. Pat Billingsley, especialista en interacción hombre-máquina en Merritt Group, en Williarnsburg (Massachusetts), afirma: "La gente no quiere tanto un ordenador que se preocupe por su estado de ánimo como uno que le facilite las cosas. Lo que quieren es un sistema muy predecible, del que se sepa que se comportará siempre del mismo modo. Un ordenador demasiado emotivo sería negativo".

Una de las razones para construir estos ordenadores más sensibles es la extendida frustración que existe ante el carácter obtuso de los modelos actuales. "Los ordenadores de hoy en día son unos inválidos emocionales", dice Roz Picard, una informática del MIT que encabeza el esfuerzo realizado en ese centro de investigación para llevar la emoción al universo demasiado racional de la informática. "El ordenador produce páginas y páginas de resultados independientemente de que al usuario le importen. Si pudiera reconocer emociones como el interés, el placer o la ansiedad, y respondiera de modo acorde, se parecería más a un compañero inteligente y amistoso".

Picard y sus colaboradores en el Media Lab del MIT están desarrollando prototipos de esta clase de máquinas sensibles que no sólo son portátiles, sino que incluso pueden llevarse en el cuerpo. "Será posible llevar un ordenador capaz de detectar las emociones en los hombros, la cintura, los zapatos, en cualquier sitio", dice Picard. "El ordenador podrá percibir a partir de la tensión muscular o de la ligereza del paso cómo se siente uno".

Un paso inmediato hacia unas máquinas de apariencia más cordial consiste en dotarles de unas voces con mayor realismo emocional. Hasta ahora, las voces de los ordenadores se perciben en el mejor de los casos como una cantinela monótona; los usuarios recibirán con alegría un avance en el diseño de voces automatizadas capaces de tener inflexión. Según Picard, ese tipo de matices "añade cierto tono y significado a lo que decimos". Y agrega: "Con esas capacidades, los ordenadores pueden comunicarse de una forma más natural y agradable. Los monótonos sistemas parlantes podrían variar sus voces para facilitar, por ejemplo, una información urgente".

Las emociones como el miedo, la tristeza o la ira se anuncian a través de una combinación única de cambios en los músculos faciales, la inflexión vocal, la excitación fisiológica y otras claves semejantes. Basándose en técnicas de reconocimiento ya empleadas para la comprensión de palabras e imágenes por los ordenadores, Irfan Essa, un informático de Georgia Tech, ha construido un sistema informático que puede leer las emociones de la gente a partir de cambios en su expresión facial.

El sistema emplea una cámara especial que convierte los cambios en los músculos faciales en representaciones digitalizadas de patrones de energía. En pruebas piloto, el ordenador ha leido las emociones con una precisión de hasta el 98%.

Pero, igual que los ordenadores que reconocen el habla exigen que se pronuncien las palabras claramente y de una en una, el ordenador lector de emociones todavía es incapaz de detectar el flujo rápido y libre de sentimientos espontáneos que se refleja en el rostro. Según Irfan Essa, esa será la próxima etapa, un desafío técnico mucho más duro.

Una cuestión más difícil es conseguir que un ordenador sepa cómo responder una vez que ha reconocido una emoción. En el Instituto de Ciencias del Aprendizaje de la Universidad Northwestern se ha desarrollado con este Fin un prototipo de programa bajo la dirección de Andrew Ortony. Estos programas emocionalmente inteligentes son esenciales para el paso siguiente, que consiste en construir máquinas que reaccionen como una persona a las emociones de un individuo: en otras palabras, que den una sensación de empatía. Uno de los enfoques para la creación de máquinas con empatía es el empleado Por Clark Elliott, un informático de la Universidad De Paul de Chicago.

El programa tiene 70 agentes o personajes. Se trata de rostros caricaturizados en una pantalla de ordenador que pueden modificar su aspecto para expresar diferentes emociones: por ejemplo, se ponen rojos y tiemblan para mostrar un gran enfado.

Más allá del interés de unas máquinas más amistosas o atractivas, los informáticos - tienen otro motivo para llevar las emociones a los ordenadores. Paradójicamente, un toque de emoción podría hacer que los ordenadores fueran más listos, con una inteligencia menos artificial y más parecida a la de un ser humano.

Mientras los informáticos continúan desarrollando la tecnología que permitirá a los ordenadores leer y expresar emociones, algunos discuten si los resultados serán más parecidos al encantador y afable C3PO de La guerra de las galaxias o más bien a Hal, capaz de matar a quien le pone a prueba.

Publicado originalmente en elpais.com

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