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Las crisis se siembran en tiempos de abundancia

  • Published in Internacional

nicols_eyzaguirre

Un número de países latinoamericanos, particularmente de Sudamérica, está disfrutando de condiciones externas particularmente favorables. Enfrentan acceso a financiamiento internacional barato -que se traduce en considerables entradas de capital y refleja en buena parte las bajas tasas de interés en el mundo desarrollado- y precios de sus exportaciones especialmente elevados -reflejo del dinamismo de otras economías emergentes.

Este ambiente de “doble viento a favor” ha sido un fuerte catalizador para que las economías se expandan rápidamente, que se ha sumado al estímulo que han provisto las políticas macroeconómicas en años recientes. Muchos países ya han reabsorbido la capacidad ociosa que generó la fuerte crisis internacional del 2008, al tiempo que aparecen moderados, pero crecientes con déficits en las cuentas externas, porque las importaciones se expanden con fuerza.

 

Es así que los temas que dominan hoy la discusión de política económica es el sobrecalentamiento de las economías, es decir, que la actividad económica y el gasto se expandan excesivamente rápido; el riesgo de que las familias y empresas se endeuden en exceso; las vulnerabilidades asociadas a que se generen desequilibrios en las cuentas externas, y el peligro de rebrotes inflacionarios. En definitiva, que las economías tomen más riesgos de lo conveniente.

 

La experiencia pasada no es buena. ¿Es esto una exageración? No hay duda que las condiciones externas favorables son buenas noticias -permiten mayor inversión y expanden las posibilidades de consumo-pero, como muchas cosas en la vida, el exceso también puede conllevar futuros problemas.

a historia latinoamericana de las últimas cuatro décadas muestra abundantes casos de expansiones excesivas que terminaron en lágrimas. No es casualidad que el término “plata dulce” sea bien conocido en la región, en especial para las generaciones que han vivido esos episodios. La moraleja es que los períodos de bonanza mal manejados son una receta para graves problemas posteriores, cuando los vientos cambian y se destapan las vulnerabilidades subyacentes.

 

Vientos fuertes, pero no para siempre. En mi nota “Manejando la Abundancia en América Latina para Evitar las Crisis” que he escrito con otros colegas del departamento del Hemisferio Occidental del FMI, examinamos qué está detrás de las condiciones externas inusualmente favorables y señalamos que éstas no son permanentes.

 

Más importante aún, analizamos qué tipo de políticas podrían adoptarse para reducir los riesgos de que los tiempos de abundancia terminen en crisis. Las condiciones externas se normalizarán en algún momento, pero no hay garantía de que las economías se ajusten a esa nueva realidad de manera suave y armoniosa sin ayuda de políticas económicas que atenúen los excesos durante el periodo de abundancia.

 

Cómo disminuir los riesgos. Entre las políticas que analizamos en esta nota está el rol que debe jugar la flexibilidad del tipo de cambio, que facilita ajustes que son deseables y necesarios y limita las apuestas cambiarias.

 

La política fiscal también tiene un rol crucial que jugar y debe ser, al menos, acíclica para evitar añadir “leña al fuego”, es decir sobreimpulsar el dinamismo que el sector privado ya tiene. Para ello los países deberían desandar los estímulos fiscales implementados adecuadamente durante la crisis global, y ahorrar ingresos tributarios transitorios.

 

También importante es el papel de la política macroprudencial, esto es la regulación y supervisión financiera orientadas a limitar la prociclicidad del sistema financiero y los riesgos macroeconómicos que se pueden generar durante un proceso de intermediación excesiva. Estas políticas, que están en etapa de desarrollo, deben ser intensificadas, focalizándose en segmentos que son susceptibles a burbujas financieras, para contener la acumulación de riegos sistémicos.

 

Considerando las condiciones globales excepcionales actuales, los países pueden necesitar recurrir a restricciones en la cuenta financiera de la balanza de pagos para preservar la estabilidad macroeconómica. Este sería el caso si las políticas macroeconómicas y macroprudenciales no fueran suficientes para evitar desequilibrios externos (de la cuenta corriente) excesivos y crecientes. En la medida que estas restricciones fueran utilizadas de manera transitoria en países financieramente abiertos, como es la mayor parte de Latinoamérica, las mismas deberían ser vistas como un movimiento defensivo para prevenir futuras crisis.

 

En el largo plazo, la solución es promover mercados financieros más profundos, capaces de absorber condiciones externas favorables sin engendrar vulnerabilidades excesivas o de soportar cambios en las circunstancias sin mayores consecuencias.

 

Autor: Nicolás Eyzaguirre es director del departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI). Previamente, fue profesor de economía en la Universidad de Chile. Entre 2000 y 2006 fue ministro de Hacienda de Chile. Se desempeñó como director ejecutivo del FMI entre 1998 y 2000, y ocupó varios cargos de alto nivel en el Banco Central de Chile en 1990-97. 
*Esta columna fue publicada originalmente en el blog del FMI, Diálogo a Fondo.

 

 

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